3 de mayo de 2007.
Un equipo dirigido por Den Nelson y en el que sobresalían Baron Davis, Stephen Jackson y Jason Richardson acababa de completar una de las mayores hazañas en la historia de los Playoffs. Aquellos
Warriors
venía de completar el primer curso con balance positivo de la
franquicia en 13 años: un 42-40 que simplemente le valió para obtener el
octavo y último billete para la postemporada del salvaje Oeste.
Enfrente tendría a los
todopoderosos Mavericks (67-15), y actuales subcampeones por entonces, del MVP Dirk Nowitzki. La historia se repetía: David vencía a Goliath. Ya saben,
aquella eliminatoria mágica del 'We believe'.
No se volvió a respirar un ambiente parecido en cualquier pabellón de
la NBA hasta el curso pasado. Entonces, con el Oracle Arena convertido
en auténtico fortín,
un grupo genial liderado por Stephen Curry hacía honor a sus predecesores de hace 8 años conquistando la cima del baloncesto.
Enfundándose el anillo que todos desean y sólo unos cuantos elegidos
pueden portar (no, no estamos hablando de 'El Señor de los anillos':
aunque la historia de superación y sacrificio que guarda bien podría
servirnos como paralelismo).
Pero, entre medias, hubo un periodo oscuro.
De reconstrucción.
Algo por lo que han pasado todos y cada uno de los equipos de la NBA.
Incluso los más grandes (pregúntenle a los actuales Lakers). Pero no
siempre es fácil encontrar la salida a dicho laberinto (ponemos la
mirada en otro histórico: los Sixers). Y sin embargo,
Bob Myers (general manager 'warrior' desde 2012) y
Joe Lacob (propietario mayoritario desde noviembre de 2010)
parecen haber escrito un camino tan sencillo para llegar a lo más alto que parece cosa de dibujos animados. Sin embargo, haríamos mal en dejar a un lado la complejidad de
muchas de las decisiones que han tenido que tomar
(no sólo las elecciones en el draft, si no el despido del queridísimo
Mark Jackson para apostar por el inexperto Steve Kerr, el decir adiós a
Monta Ellis...). Dicho esto, iniciamos el repaso por algunos de los
pasos que Golden State ha dado para convertirse en el equipo que todos
quieren ser, en el del
inmaculado e histórico 16-0. Empieza el viaje.
Draft 2009: Ricky les trajo a... Stephen Curry
Siempre resulta ventajista escribir años después sobre las decisiones
que se toman en cuestión de minutos en un draft. Pero que el juzgar los
movimiento a posteriori no sea lo más elegante, no evita que uno se dé
de bruces con auténticas sorpresas. Y la noche del 25 de junio de 2009
se dieron.
Blake Griffin fue el número uno de aquel
sorteo en el que los Timberwolves tenían en su poder los picks 5 y 6. El
séptimo pertenecía a los Warriors. David Stern saltó a la palestra para
comunicar que
Ricky Rubio se marchaba a Minnesota
(aplazó 24 meses su salto) con el número 5. Sólo faltaba una elección
para que Larry Riley (el por entonces GM de la Dub Nation y reemplazado
más adelante por Myers) pudiera traer a Oakland a su ojo derecho:
Stephen Curry. Pero los Wolves iban a elegir a un nuevo base...
Jhonny Flynn (actualmente sin equipo). Ahora sí,
Riley estalló de jubiló (hay un vídeo que lo certifica) entre los bastidores del Madison.
Steph se iba a Golden State. El resto, lesiones de los tobillos de cristal incluidas, es historia.
Draft 2011: Y nacieron los Splash Brothers
Decían que no era carne de NBA. Que no sabía defender. A Riley (él todavía formaba parte de la
front office, no así el legendario Don Nelson)
no le tembló el pulso y apostó por el hijo de otro exjugador, de Mychal Thompson.
Klay Thompson se convirtió en el número 11 del draft 2011. Nadie lo sabía, pero acababan de nacer los Splash Brothers.
Marzo de 2012: Andrew Bogut aterriza, Monta Ellis dice adiós
Pese a contar el joven
backcourt formado por
Curry&Thompson, el relevo generacional en las operaciones del equipo
que venía dirigiendo Mark Jackson desde que la última temporada con
lockout (cierre patronal) se inició en la Navidad de 2011 no se había producido aún.
Monta Ellis, seguía siendo el jugador franquicia y último exponente de aquel siempre recordado bloque de 2007. Fue
el último gran servicio de Riley a la causa 'warrior'. En marzo de 2012 mandó a los Bucks al propio Ellis, a Kwame Brown y a Ekpe Udoh. A cambio
llegaron un Andrew Bogut
que se iba a pasar en blanco toda la temporada y un viejo conocido como
Stephen Jackson, inmediatamente traspasado. Deportivamente, este
movimiento no surtió efecto inmediato, pero sí permitió empezar a
construir una química que tiempo más tarde se antojaría como pieza
fundamental del éxito que ya se alumbraba. Era la era en la que
David Lee (auténtico referente interior hasta la campaña 2013-14) compartía protagonismo con Steph.
Draft 2012: Golden State canta ¡bingo!
En este draft, seleccionaron a tres de los jugadores que hoy en día son fundamentales en su roster. En el
pick siete se hicieron con un
Harrison Barnes que no ha parado de levantar el vuelo, lenta pero firmemente, hasta convertirse en un
halcón
capaz de defender a DeAndre Jordan y a asumir el protagonismo en ataque
con parciales demoledores en apenas unos minutos (los aficionados de
los Clippers sabrán a lo que me refiero). En el puesto 30 y vía San
Antonio apostaron por el nigeriano
Festus Ezeli. Su
progresión ha sido más lenta (una operación en la rodilla derecha le
hizo pasar en blanco el curso 2013-14), pero ya ha demostrado ser esa
roca baja los tableros que cualquier equipo campeón necesita. Acabará
siendo imprescindible. Y fundamental, vital es un
Draymond Green sobre el que cuelga ya la etiqueta como uno de los mayores robos del draft. Procedente de Michigan State, cayó hasta la segunda ronde, donde fue rescatado con la
elección 35
por unos Warriors que se llevaron un diamante: un jugador capaz de
defender a cualquiera y de anotar desde cualquier lado de campo.
Bob Myers se doctoró en aquel draft, el mismo que le acabaría valiendo para ser elegido Ejecutivo del Año en 2015.
Verano 2013: Andre Iguodala se suma al grupo
En sus primeros años en Philadelphia, '
Iggy' fue designado como el sucesor natural de Allen Iverson.
Palabras mayores. Una etiqueta que le acabó marcando y haciendo perder
fuelle durante varios años. Sin embargo, tras una última campaña en
Denver (2012-13), Golden State apostó por él como agente libre.
Cuatro años y 48 millones de dólares le ofrecieron.
Para hacerle hueco, tuvieron que desprenderse de elecciones de draft y
de jugadores secundarios. Una ganga. Sin saberlo todavía, no sólo se
habían hecho con los servicios del a
nti-LeBron por excelencia, si no con todo un MVP de las Finales.
Mayo 2014: El momento más difícil, prescindir de Mark Jackson
Jackson estaba construyendo un equipo que se había conseguido colar
por primera vez en más de dos décadas en dos Playoffs de manera
consecutiva. Sin embargo,
firmar una temporada de más de 50 victorias no le sirvió como paracaídas ante el paso atrás que, así lo interpretaron en los despachos del Oracle, supuso la
eliminación en el séptimo partido de la primera ronda ante los Clippers. Myers y Lacob no lo dudaron:
había que prescindir de Mark Jackson. Una decisión que no gustó nada en el vestuario.
Steve Kerr fue el elegido
para reemplazar al hoy comentarista. Cayó de pie el técnico debutante,
su filosofía mantuvo un ataque vital y dinámico y mejoró notablemente la
defensa. Los resultados llegaron y con ellos el anillo del pasado
junio.
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